martes, 21 de mayo de 2013

Carolina Calle Vallejo y su práctica tras las rejas que le abrió muchísimas puertas.


Estando en el colegio, Carolina Calle era una joven apasionada por Matemáticas y Física principalmente. Esto sin dejar atrás Español e Historia que eran sus materias favoritas. Tenía pensado llegar a ser ingeniera mecatrónica o ingeniera de telecomunicaciones. Estando en grado 11, tuvo una salida pedagógica  para muestras de carreras de algunas universidades. Quedó encantada al ver el pénsum de Comunicación Social de la UPB, ya que contenía Historia, Literatura, Cine y Prensa. Un enfoque muy integral a diferencia de otras universidades como la Medellín y la de Antioquia. 

Decidió inscribirse en el pre-grado de Comunicación Social de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín (UPB). En el trascurso de la carrera fue encontrándose con sus tres principales pasiones: la escritura, el cine y el trabajo con las personas del común.  Hasta que por fin llegó el momento de las practicas profesionales. Comienzan a llegar las convocatorias de algunos medios de comunicación nacionales: El Colombiano y El Mundo en medios escritos, como también de Telemedellín y Teleantioquia en medios audiovisuales.

Carolina no eligió ninguna de estas empresas porque supo que no iba a poder crear ni proponer mucho. Solamente debía reproducir la información. Casual e increíblemente llegó la propuesta de una de las cárceles más temidas del país, Bella Vista. En ese momento este centro penitenciario contaba con 5.000 presos al interior de sus instalaciones, algo que inmediatamente le interesó, porque iba a poder contar libremente miles y miles de historias. Y la vez aplicar sus tres pasiones en esta práctica.

Se le informó que el centro penitenciario no le otorgaría ningún subsidio económico, ni siquiera  para costearse los pasajes. Además de esto, podía estar expuesta a constantes piropos o vulgaridades de los reclusos, como también a un amotinamiento o pelea provocada por los presos en cualquier momento. A ella poco o nada le importaron estas advertencias, lo único que exigió antes de firmar fue libertad. Libertad de crear, tener el tiempo y el acceso disponible  a su gusto en el momento que ella quisiera.

Decidió contarle a su familia la decisión que tomó para su carrera. Sus padres inmediatamente le brindaron apoyo y respaldo para todo lo que necesitara. Ellos fueron su principal soporte y fuerza para sacar el proyecto adelante, brindándole los implementos y todo lo necesario para poder desarrollar su práctica. El papá fue el primero que aportó, comprándole en el centro de Medellín cuadernos y lapiceros para los presos que quisieran hacer parte del grupo audiovisual.

Carolina comenzó haciendo la convocatoria abierta en el centro penitenciario. Lo hizo mediante  unos carteles que pegó en cada patio y un informe que grabó a través del canal interno de televisión. Inicialmente se inscribieron más de 40 presos, muchos de ellos pensando que al participar se les iba a reducir la condena. Algo que ella aclaró de inmediato, ya que la participación en el grupo era algo totalmente voluntario. 
Al final quedaron alrededor de 20 integrantes dividiéndose en un grupo de escritura, uno de producción, uno de actuación y un cine club. Éste último se reunía los viernes para ver y comentar cine.

Era la práctica de sus sueños, ya que tenía tiempo ilimitado para hacer cortometrajes. Donde los internos fueran los mismos actores de las historias. Además de esto, lo que más la satisfacía era la posibilidad de enseñarle y transmitirle todos sus conocimientos adquiridos a estas personas que no tenían nada y se encontraban en esta situación de encierro y desprecio de la sociedad.

De 6 meses que debía quedarse, Carolina terminó haciendo 10. Lastimosamente su práctica terminó debido a una fuga que se presentó en la cárcel, esto conllevo el despido de su jefe y el cierre del canal. No pudo despedirse ni finalizar su proyecto como hubiera deseado. A pesar de esto, ella sacó algo bueno y positivo de todo lo realizado, principalmente la bonita labor de ir a la cárcel y trabajar con estas personas que la sociedad considera que sobran y son irremediables.

Sobresalta que ella fue a Bella vista a mostrar el humor, las historias de amor y todo lo que hay en este centro penitenciario. Algo que a nadie se imaginaba que ocurría en la cárcel. A diferencia de los medios que solo ingresan a mostrar la miseria y los hacinamientos que ocurren. Esta experiencia dejó además varios proyectos que Carolina tiene actualmente. Estos son “Las alquiladoras de chanclas” y “Carcelería y turismo” por los cuales se ha ganado reconocimientos a nivel nacional e internacional, además de becas para ir Uruguay, Bolivia y Argentina para aprender de cine.

Según ella, la cárcel siempre la ha llamado. Cómo prueba de esto, su primer artículo fue sobre una mujer que mató al marido y lo enterró en el patio de la casa. El segundo fue sobre un hombre calígrafo que no tenía trabajo debido a que todo esto se podía hacer mediante los nuevos aparatos tecnológicos, por esta razón se dedica a falsificar documentos y diplomas.

Luego de esta experiencia en Bella Vista que fue muy significativa para su vida, le llegó una propuesta de El Colombiano. No era cualquier propuesta, ya que se la hizo un profesor que le dio clase en la universidad. Algo que la sorprendió porque nunca tuvieron una relación muy activa. Solo era algo profesional de alumna a profesor.

Pensó mucho esta propuesta y decidió aceptar, pero solamente porque el área que iba a ejercer fue el área de investigación.  Allí escribía tranquilamente e investigando todo lo que le pareció interesante y proponiendo y haciendo proyectos investigativos.

Su salida de El Colombiano fue a los 3 años. Se dio debido a que su jefe Carlos Alberto Giraldo, el mismo que le propuso que integrara el equipo de investigación, salió del periódico y ella presento la renuncia. Su artículo más sobresaliente fue el de “Andrés descubrió una cucaracha paisa” que fue nominado a los Premios Nacionales de Colprensa. Aunque no ganó, recibió un reconocimiento importante.

Actualmente Carolina Calle está en pie con sus proyectos de cine como a ella le encanta. Ideas y material es lo que le sobra para crear y contar historias de una excelente manera, por otro lado lo único que falta son fondos suficientes para sacar este trabajo adelante.  

viernes, 10 de mayo de 2013

Isabela el motor del movimiento en pro de la muerte digna en Colombia.


Hoy 10 de mayo de 2013 es el cumpleaños de mi hija Isabela, ya son tres años cumplidos de aquel tan anhelado día donde finalizó la espera. Todo estaba preparado para el nacimiento de mi descendiente, desde el nombre que le pondríamos hasta sus diminutas mediecitas de color azul cielo, todos estábamos muy entusiasmados por ver a la nueva integrante de la familia. Mi esposa ya había cumplido 37 semanas de embarazo y nuestro médico nos informó qué hacer en el momento que tuviéramos la intuición de que Isa ya nacería.

Sandra mi esposa, me despertó a las 03:00 de la madrugada. En medio de gritos de dolor y contracciones solamente me dijo “presiento que llegó la hora”. Me tranquilicé y la ayudé a bajar hasta el carro, me tenía el brazo apretado realmente fuerte, como muestra de eso quedé con una marca impresionante. Conduje durante 25 minutos hasta llegar al hospital Pablo Tobón Uribe en Medellín, debido a la hora no hubo problemas por el tráfico, al llegar a urgencias nos atendieron  inmediatamente e ingresaron a las dos mujeres de mi vida a la sala de parto.

Tenía muchísima impaciencia, debido a que no recibía noticias de parte del personal médico. No fui capaz de quedarme quieto y salí a fumar un cigarrillo, ya eran las 04:10 de la madrugada y me senté en la sala de espera, hasta que por fin salió una enfermera. “Ya puede ingresar don Ramiro” fue lo único que pronunció y siguió su camino para continuar cumpliendo con su turno de trabajo.

Ingresé a la sala de parto, mi corazón se aceleró, casi me pongo a temblar, estaba a varios pasos de ver a mi hija, de poder acariciarle su perfecto rostro y admirar su diminuto cuerpecito. Me acerqué a mi esposa, la vi realmente agotada y sudando debido a todo el esfuerzo que realizó, lo que me pareció raro fue que no tuviera entre sus brazos a la bebé. Sandra tenía la cabeza agachada y la nariz muy colorada. Me acerqué despacio y  pude notar que mi esposa estaba tendida en un llanto impresionante, se tapaba la boca con un pañuelo y no tuvo palabras para hablarme, solamente tendió sus brazos en mis hombros y me abrazó.

Una enfermera estaba en la habitación, me dirigió hacia afuera y me informó todo lo que sucedió. El parto trascurría con total normalidad y en ningún momento se pensaba en la opción de la cesárea ni ninguna otra complicación. “Excepto qué al momento de nacer, la niña no daba ninguna señal de vida y tras una pronta revisión se llegó al diagnostico de que tiene muerte cerebral” fue lo último que pronunció. En ese instante mi vida se derrumbó, quedé paralizado y sin una sola palabra, dejé de escuchar y percibir todo lo que pasaba a mí alrededor, escuchaba cada latido de mi corazón, me puse realmente pálido y sentí un vacío enorme.

Me senté en el suelo inmediatamente y la enfermera pidió ayuda debido a que me dio un bajón. Fue solo tomar agua y ya estaba consiente de nuevo, pero no quería dirigirle la palabra a nadie solamente quería ver a mi hija. Me dirigí hacia la sala de incubación y antes de entrar respiré profundo, cerré mis ojos e hice una oración. Me indicaron cuál era la incubadora donde estaba Isa, me acerqué lentamente y lo primero que vi fue la etiqueta “Isabela Bernal Díaz 10/05/10”.

La miré y estaba preciosa, un ser perfecto y delicado. Le resaltaba el conjunto azul cielo que tenía puesto, sobre todo su gorrito, las medias y los guantes. Todo se lo había obsequiado la abuela un mes antes. La detallé completamente, era blanca igual a mí, recuerdo aquella naricita perfecta y carita pulida, se me salieron las lagrimas de inmediato. En ese instante mientras la miraba me puse a pensar en todos los momentos que había planeado antes junto a ella. La primera vez que la cargaría, cuando diera sus primeros pacitos, el momento en que empezara a pronunciar sus primeras palabras, cuando me dijera papá, aquel día en que la llevaría a la escuela, le ayudaría con sus tareas, la llevaría a comer helado, celebraría su cumpleaños junto a la familia, miles y miles de momentos que jamás se harían  realidad.

Con solo verla ahí tendida tras ese vidrio, sin poder moverse, me destrozaba el alma. Me sacaron de la sala debido a que estaba en shock y por consiguiente en riesgo de sufrir algún ataque. El médico que me atendió fue el mismo que intervino a mi mujer al dar a luz, entonces me explico todo lo que estaba sucediendo. Debido al problema con el que nació Isa, tuvo que ser conectada a un respirador artificial, no podía poner en funcionamiento ninguna de las partes de su cuerpo, era algo incurable y por ley no se le podía desconectar de su respirador artificial.

Algo que me dejó realmente impactado e indignado, y solo le pregunté al doctor. ¿Por qué tiene que permanecer conectada mi hija, a pesar de que sabemos que no va a salir de ese estado? ¿Por qué debemos esperar años indescifrables hasta que ella muera por una complicación? El médico solamente me respondió “Es algo que no decido yo”Así transcurrió aquel día que se puede considerar el peor de mi vida. 

Desde aquel momento hasta hoy han pasado 1.096 días en los que me ha tocado ver a mi hija postrada en una cama sin esperanzas de poder levantarse, 26.304 horas de incesante sufrimiento por saber que mi Isa está ahí inmóvil con su destino ya sentenciado.

Se supone que hoy debería ser un día especial por el cumplimiento de sus tres añitos de vida. Pero es algo lamentable que sean tres años sin poder ver que muestre algún signo vital, lo más triste es saber que no puede tener una muerte digna debido a que el Estado considera que desconectarla es un asesinato y por consiguiente un delito que es penalizable.

Mi esposa Sandra Díaz y yo Ramiro Bernal, somos dos promotores de la aprobación de la eutanasia en Colombia. Un método para que las personas además de nuestra hija, tengan una muerte digna y sin ningún sufrimiento. Lideramos el  movimiento en la ciudad de Medellín que se manifiesta mediante redes sociales, marchas y protestas pacíficas en pro de este procedimiento, nos hemos expandido hasta tener compañeros representantes en Bogotá, Barranquilla, Ibagué y Bucaramanga. Estamos en una lucha constante sin cesar a las actividades del grupo social. Permanecemos a la espera de que se tome esta decisión que beneficiará y dejará descansar a muchas familias como a sus seres queridos que se encuentran en un constante sufrimiento. 

La luciérnaga continúa emitiendo su luz después de 20 años


Participantes de la conferencia en orden de izquierda a derecha: Fernando Iván Mora (Docente), Pascual Gaviria (Locutor), Héctor Rincón (Locutor), Juan Gonzalo Betancur (Docente) 



Por estos días de la Comunicación hubo una conferencia sobre el gran programa radial “La Luciérnaga” en la universidad Eafit (sede Medellín). En ella estuvieron presentes los invitados Pascual Gaviria (Locutor de Caracol Radio) y Héctor Rincón (Ex integrante de La Luciérnaga y locutor independiente) acompañados por los docentes de Comunicación Social Fernando Iván Mora y Juan Gonzalo Betancur. Se habló sobre el programa radial contando anécdotas, historias y experiencias vividas durante estos 20 años al aire. Donde se ha luchando, criticado y realizado una especie de humor mediante burlas a los acontecimientos y hechos principalmente políticos del país.

Debido a la problemática de los apagones sufrida en Colombia a principios de los 90’s por diferentes decisiones políticas, Caracol Radio pensó en crear un programa que estuviera ahí, en medio de ese apagón acompañando al oyente en aquellas noches sin luz. 

Decidieron ponerle el nombre de  “La Luciérnaga” y su primera emisión fue el 2 de marzo de 1992. Este es un dato primordial sobre el programa brindado en la conferencia.
El evento comenzó con la presentación de una breve autobiografía de los dos invitados, leída por Fernando Mora. Primero la de Pascual Gaviria “Abogado sin ejercicio, poeta en retiro, lector y escribidor de prensa, locutor vespertino, hincha de Nacional. Sufre de la columna, la que le toca mandar a El Espectador, es editor del periódico Universo Centro Medellín” después fue leída la de Héctor Rincón “Escribió columnas para Hoy por Hoy de Gustavo Gómez, revista Cambio y en ocasiones para SoHo y Cromos. Fue editor de Semana, de El Tiempo, columnista de El Espectador, fundador y director de La Hoja de Medellín y de La Hoja de Bogotá”.

Primero aportó Héctor, admirado por la masiva asistencia en el auditorio y mostró su libro sobre los 20 años que cumplió el programa radial.  Se notaba muy tranquilo y despreocupado. Con la seriedad que lo caracteriza empezó  a hablar sobre el programa, definiéndolo como un “Éxito que ha prosperado a pesar de las dificultades”. Una premisa demasiado importante, ya que se han mantenido al aire contrarrestando problemáticas políticas, demandas, estrategias de rivales y problemas de salud de Hernán Peláez (Director del programa) entre otros asuntos que lograron superar con el buen trabajo y esfuerzo invertido por parte de todo el equipo de trabajo.  

Pascual por su parte, hizo su entrada diciendo “Soy la cara joven del grupo, y estoy muy feliz de pertenecer a este éxito de Caracol”. En su introducción trató temas  sobre el antes y después del programa, además de eso contó sobre qué y quienes componen “La Luciérnaga”, enfocándose en que cada uno de los integrantes del equipo es vital para que el programa esté donde esté.

Procedieron a reproducir audios de imitadores del programa interpretando a Sergio Fajardo y a Leonel Álvarez, hubo un problema técnico y el encargado del sonido debió ir a buscar ayuda para organizar el equipo. Al bajar de la tarima, el joven encargado se cayó, lo que produjo gracia en los asistentes y sobre lo cual Héctor comentó “Se cayó Fajardo” algo que produjo más risa en los espectadores del evento. Los audios se pudieron reproducir sin ningún problema cinco minutos después.

Juan Gonzalo continuó  la conferencia preguntando sobre la audiencia actual del programa radial, Héctor decidió responder a esta pregunta de esta forma “Yo no me acuerdo ni siquiera de lo que dice el libro, pero mas o menos La Luciérnaga debe estar supongo en los 500.000 oyentes”. Luego se trataron temas y dificultades por las que han pasado durante estos 20 años de los cuales se concluyeron: mandatos presidenciales que los querían fuera del aire, demandas de políticos que se sintieron vulnerables por el contenido del programa, además de esto el cáncer que sufrió el director Hernán Peláez.  “Hernán el gomoso” así lo definió Héctor refiriéndose a la entrega total de este director que estando enfermo, trabajó desde su casa. Además de esto también resaltó el estilo “bohemio y de cantinero” que tiene, dándole el toque musical al programa con sus discos de acetato.

Finalmente luego de muchas sonrisas y anécdotas, Pascual concluyó contando como pasó de estar en “Una emisora para adolecentes” narrando partidos y haciendo periodismo escrito, a uno de los programas más importantes en la radio de Colombia. Se procedió a reproducir el último saludo de los imitadores, esta vez no hubo ningún inconveniente ni caída, inmediatamente se escuchó la voz de Shakira y Natalia París enviando un saludo fraternal a Héctor y Pascual.

Me pareció muy importante y digno de resaltar la declaración de uno de los invitados que afirmó “Cuando se dice radio en Colombia, se dice Caracol”. La conclusión más importante es que “La Luciérnaga” luchó, lucha y luchará por estar siempre ahí con los oyentes como se lo propuso desde su primera emisión aquel lunes 2 de marzo de 1992, sin importar las circunstancias y dificultades que esto conlleve.  

Mi Luna Llena

-Los declaro marido y mujer, puede besar a la novia- dijo el padre.
Al salir de la iglesia todo parecía una escena de película con palabras de felicitación, sonrisas y arroz en el aire. Sofía y yo por fin estábamos felizmente casados, nos montamos a nuestro coche blanco y partimos rumbo a nuestro banquete. Allí nos esperaban los invitados, familiares, vecinos y amigos. Entramos y nos recibieron con un gran aplauso y muchos regalos.

Al día siguiente a las 6:00 am estábamos en la sala de espera del aeropuerto Olaya Herrera en Medellín Esperando el vuelo 037 rumbo a nuestra luna de miel en San Andrés. Sofía estaba muy trasnochada y prácticamente dormida en aquella silla dura e incómoda del aeropuerto.

-Los pasajeros del vuelo 037 favor abordar el avión rumbo a San Andrés, sonó fuertemente en los parlantes de la sala de espera.
-Amor despierta, ¡nos va a dejar el vuelo!
-¿Ya llegamos? ¿Nos metemos ya al mar?
Le sonreí, me burlé de ella y la cargué hasta el avión, realmente estaba muy agotada.
Durmió durante todo el vuelo y se bajó del avión pensando solamente en meterse al mar, una idea que no me agradaba mucho, porque le tengo pavor a la marea.

Cogimos un taxi rumbo al hotel, llegamos y entramos a nuestra habitación que ya tenía todo pago. Podíamos utilizar el jacuzzi, la piscina, el turco y el sauna, pero mi amada esposa insistía con ir a la playa. Decidí complacerla, igual estábamos de luna de miel y quería hacerla feliz por el resto de mi vida.

Eran alrededor de las 4:00 pm y la playa estaba un poco vacía. Se veían algunos vendedores, pero muy pocos turistas. Nos sentamos en la orilla a ver el atardecer y escribimos nuestros nombres junto con la fecha que más nos importaba "13-08-2010" el día en que nos conocimos. Estábamos tomando un poco de champaña y sentados hablando de nuestros planes para el futuro, cuando nacieran nuestros hijos, el nuevo apartamento y nuestra vida de casados.

Mientras nos acurrucábamos y nos mirábamos fijamente, se nos acercó alguien diciendo:
-Buenas noches ¿cómo se encuentran? Queremos informarles que esta noche no pueden ingresar a la playa porque la marea está demasiado alta.
Eran dos policías que de una manera u otra frustraron el deseo de mi amada esposa de meterse al mar en la noche de nuestra luna de miel. No era su culpa, era por nuestro bien. En realidad tomé la noticia de buena manera, yo no quería meterme al mar con esas olas que odio y menos de noche.

Nos fuimos para la habitación del hotel, pero todo se tornó totalmente inusual. Estaba seria, angustiada y muy indiferente. Traté de animarla y alegrarla pero no lo logré, después de un instante de silencio, me sonrió y me dijo:
-¿Amor y qué tal si solamente entramos cinco minuticos y nada más?
Lo pensé demasiado, en realidad lo dudé, pero terminé convencido con tal de tener una buena luna de miel y hacer feliz a mi Sofía
- "Está bien, pero solo cinco minuticos y nada más" le dije.

Salimos de la habitación y nos fuimos por el lado de atrás del hotel, no veía nadie alrededor, ni un alma. Corrimos y corrimos, parecíamos en una historia de fantasía. Estábamos infringiendo la ley, era algo gracioso, tenía una sensación  de satisfacción y adrenalina a la vez.

Nos metimos al agua rápidamente, parecíamos los guardianes de la bahía. El agua estaba literalmente fuerte, cada ola prácticamente nos tumbaba, solo fui capaz de meterme hasta la parte donde el agua me cubría el pecho. Tragué mucho líquido y Sofi quería continuar, me jalaba y entre tanto ajetreo recibí un par de rasguños, no quise ir más hacia el fondo, ya tenía un poco de temor porque después de cada ola me entraba espuma por la nariz y respiraba muy poco.

En un momento soltamos nuestras manos, sentí que se desprendió una parte de mi cuerpo, cada vez que intentaba mirar donde estaba, se me desaparecía. Cada ola era menos oxígeno en mis pulmones y más distancia entre mi esposa y yo. No lo logré, dejé ir  de mis manos a la mujer que amaba, me sentí un fracasado, lo único que pude hacer fue sentarme en la arena a llorar junto a la compañía de la luna llena. En mi mente solo retumbaba la imagen de mi esposa ahogándose en medio de la espuma de las olas.

Desperté al día siguiente pensando que todo era una horrible pesadilla, estiré mi brazo al lado derecho de la cama y noté que mi esposa no estaba, abrí completamente mis ojos y una luz radiante como la de un flash cegó mis ojos. Estaba en la orilla de la playa, mareado y repleto de arena por todo el cuerpo. Entonces ¿todo es real? El mar me arrebató a mi mujer de las manos, me pregunté.

Me quedé sentado en ese mismo lugar todo el día, recordando una y otra vez la imagen de mi mujer siendo absorbida por las olas y como se perdía en la poderosa marea. Solo miraba al cielo y tenía en la mente todos los recuerdos de nuestro noviazgo, nuestro matrimonio y aquella luna de miel que debió ser la peor que le pudiera pasar a una persona. Se escondió el sol y estuve solo en ese atardecer, una paradoja ya que un día antes estaba ahí mismo sentado junto a mi esposa, hablando y abrazándonos.
           
Ya se había oscurecido, me levanté y me dolía la cadera ya que me quedé sentado todo el día en la orilla del mar. Estaba quemado, despelucado, herido y muy deshidratado.

Entré al hotel, no saludé a nadie, no tenía control de mi cuerpo, estaba caminando inconscientemente. Mi mano presionó el botón del piso 8, me bajé del ascensor y entré a la habitación.

Cuando miré al balcón, ahí estaba Mi Luna hermosa, radiante y totalmente llena. Tenía la cara de mi Sofi, llamándome y diciendo que fuera hacia ella. No lo pensé dos veces y con lágrimas en mis ojos estiré mis brazos y continúe caminando. Nada me detuvo ni siquiera la pared del balcón, simplemente salté y mi Luna llena me llevó con ella por el resto de la eternidad.


Fin de semana en “Ámbar”


El sábado pasado visité a mi novia porque estaba muy enferma. Tenía una voz graciosa e irreconocible, se escuchaba muy pasito, pero con una sensación áspera y chillona. Le llevé una caja de chocolates blancos  “redondos rellenos de licor” y un gran beso, ya que no la veía hace una semana exactamente. A pesar de que su voz fuera distinta y se le dificultara hablar, no dejó de decirme lo mucho que me quiere.

Después de hablar un rato probamos los chocolates. Estaban deliciosos, la superficie blanca era suave y muy agradable al morder, luego venia el relleno líquido un poco ácido, pero realmente adictivo. Salimos un ratico a la su acera, ella con una ropa cálida, sedosa, suave y muy agradable porque no podía salir a ese frió con tanta gripa. Llegó mi cuñada Alejandra, nos saludó y nos invitó a un lugar llamado Ámbar.

Cogimos un taxi y al montarme noté que el carro tenía un gran daño seguramente por un accidente, era un hundido inmenso en la puerta de mi asiento, algo que me preocupó. El conductor tenía un aspecto de ser malgeniado, siempre con el ceño fruncido y además de eso pitaba y gritaba por todo a los otros conductores. Cuando iba a pagar, recordé que tenía un billete muy feo, viejo y arrugado, e inmediatamente pensé en qué le diría a ese señor. Para acabar de ajustar noté que estaba pegado con un poco de cinta porque tenía una parte rasgada. El señor  solo me devolvió y dijo “con mucho gusto”.

Entramos por la puerta que tenía el aviso grande de “Ámbar”. Nos tocó subir hasta el cuarto piso, 47 escalas exactamente. Fue un poco agotador, es como subir a mi clase de escritura que también son cuatro pisos, se entra asfixiado, agitado y muy cansado. Al entrar al bar se ve algo loco, muchos colores y demasiadas cosas fuera de lo común y un espacio genial. Utilizan objetos reciclados para crear cosas curiosas, televisores malos y antiguos utilizados como mesas. Hay pinturas de Marilyn Monroe y Chaplin, algunos dominós, atrapa sueños y lámparas de nocheros pegadas al techo, también ponen maniquís pegados de la pared, hay demasiados cuadros, hamacas, colchones y sillas de diferentes tamaños y colores.

Nos sentamos en unas sillas muy cómodas y relajantes ideales para hacer pereza. El mesero nos saludó y  nos llevó la carta. Al igual que el bar la carta era loca, enredada, algunas partes al revés y unos nombres de bebidas muy poco comunes como “Hemorragia Cerebral” que fue el que yo pedí, tiene Vodka, Whisky y en el fondo un licor dulce y espeso, era algo gracioso que los licores no se juntaran y eran por capas. Lo primero que me dijo el mesero fue que no lo revolviera porque el sabor seria horrible. Le hice caso y tomaba por partes, aun así ese trago me supo horrendo, demasiado fuerte, pero con un olor muy agradable. Mi novia simplemente se tomó un capuchino.

El trago que me tome era poco pero sí que tiene capacidad de embriagar fácilmente. Salí con la miraba movida y riéndome de todo, fue un buen rato el que pase allá. Lo único malo fue bajar prendido tantas escalas.  


jueves, 7 de febrero de 2013

La casa rosada de Ricardo




Mi nombre es Ricardo dos Santos, nací en Río de Janeiro en un barrio muy humilde lleno de sueños y de muchas ilusiones. Una de ellas es que terminara tanta violencia y pobreza. Crecí siendo un pescador porque desde muy niño me tocó abandonar el colegio y dejar de utilizar mi lápiz y mis cuadernos para poder conseguir comida para mi madre y mis hermanas. Además de eso siempre tuve el sueño de tener una casa cómoda, un automóvil y una mascota para vivir tranquilamente.

Mi mayor pasión siempre fue el fútbol y mi gran ídolo Ronaldinho, porque siempre fue el mejor de todos en el mundo. En mi poco tiempo libre lo practicaba con mis amigos aunque fue un poco difícil por tener que jugar con una botella de gaseosa vacía. A todos los que conocía les dije que yo algún día jugaría como él, que saldría de aquel barrio violento y sucio para darle de todo a mi familia. Por culpa de las amenazas y la guerra que se vivía en mi barrio, a mi madre, a mis 3 hermanas y a mí, nos toco salir de inmediato de ese lugar y olvidar ese sueño. Dormir 2 noches en la calle hasta que una señora nos recibió en su hogar, durmiendo en el suelo y todos juntos, pero era mejor que la calle fría y ruidosa. Ella se llamaba María de Assis Moreira, una mujer morena y alta que decía mucho “si Dios quiere” ya que era muy religiosa, tenía un gran jardín y cuatro vacas lecheras en su hermosa casa.

Me volví prácticamente un granjero ordeñando las cinco vacas de la señora María y cuidando sus jardines. Esa casa era muy grande, de dos pisos, con sótano y muchas habitaciones. No podía entender cómo una señora con tanto dinero no tenía marido. Yo solo le veía un problema y era que aún fumaba cigarrillo, y solo lo prendía con fósforos  porque esa era la esencia según ella. Al parecer sufría de su hígado y también del corazón, prácticamente nosotros éramos su única familia. Mi madre y hermanas se encargaban de lavar la ropa y hacer el aseo de toda la casa.

Doña María murió por culpa de cáncer en el hígado, mas no por problemas cardíacos. Todos los días yo hacía una oración en su nombre. Fue una gran sorpresa cuando el hombre de la notaría nos dijo que ella dejó su casa a mi nombre e hizo unas peticiones. Estas fueron que cuidara sus vacas, nunca le cambiara el color rosa de las paredes, no derramara ni una lágrima por su muerte, por último que me quedara con su Chevrolet y que aún no lo manejara hasta que no aprendiera bien y fuera un hábil conductor.

Gracias a Doña María, ahora mi familia y yo tenemos una casa donde me dedico a vivir bueno, mis hermanas y mi madre se encargan de hacer todo, yo solamente me decido a disfrutar de mi Chevrolet, de mantener las paredes de la casa pintadas de rosado, tomar mi café diario y cuidar a mi vaca preferida que se llama María. Si Dios quiere aquí también vivirán mis hijos y nietos.

Media hora después de Taller de Escritura



Hoy después de nuestra clase de escritura, bajamos las escalas ya que el salón es en un cuarto piso y me tocó esperar a que mis amigas salieran del baño. En el segundo piso estaban dando una clase de cálculo, nos asomamos y pensamos que una clase de esas debe ser lo mas estresante de la vida. Continuamos nuestro recorrido y al llegar al primer piso vimos una gran fila en la fotocopiadora que interfería el paso.
 
Al salir del bloque vimos muchos fumadores en el parque Pimientos. Un ambiente natural, pero propagado de cáncer y de nicotina por doquier. Al pasar por el lado de la biblioteca a Juliana le dio un antojo de comer salpicón, según ella para que se le quitara la gripa. Todos comimos algo en Sol y Melón.

Nos dividimos ya que dos amigas se fueron para clase y nosotros teníamos el día libre. Fuimos a la zona de películas en la biblioteca y mientras caminábamos  vimos a alguien que pasó en una de las bicicletas de la universidad, casi atropella a una mujer y le tocó frenar en seco ese aparto.

Al estar en la zona de videos pusimos una película de terror y me quedé dormido. De ahí no me acuerdo más, ya que me estaba en un sueño profundo y desperté a las 11:00 am.