El sábado pasado visité a mi novia porque estaba muy
enferma. Tenía una voz graciosa e irreconocible, se escuchaba muy pasito, pero
con una sensación áspera y chillona. Le llevé una caja de chocolates blancos “redondos rellenos de licor” y un gran beso, ya
que no la veía hace una semana exactamente. A pesar de que su voz fuera
distinta y se le dificultara hablar, no dejó de decirme lo mucho que me
quiere.
Después de hablar un rato probamos los chocolates. Estaban
deliciosos, la superficie blanca era suave y muy agradable al morder, luego venia el relleno líquido un poco ácido, pero realmente adictivo. Salimos un
ratico a la su acera, ella con una ropa cálida, sedosa, suave y muy agradable
porque no podía salir a ese frió con tanta gripa. Llegó mi cuñada Alejandra,
nos saludó y nos invitó a un lugar llamado Ámbar.
Cogimos un taxi y al montarme noté que el carro tenía un
gran daño seguramente por un accidente, era un hundido inmenso en la puerta de
mi asiento, algo que me preocupó. El conductor tenía un aspecto de ser
malgeniado, siempre con el ceño fruncido y además de eso pitaba y gritaba por todo a los otros conductores. Cuando iba a pagar, recordé que tenía un billete muy feo, viejo y arrugado, e inmediatamente pensé en qué le diría a ese señor. Para acabar de ajustar noté que estaba pegado con un poco de
cinta porque tenía una parte rasgada. El señor solo me devolvió y dijo “con mucho gusto”.
Entramos por la puerta que tenía el aviso grande de “Ámbar”.
Nos tocó subir hasta el cuarto piso, 47 escalas exactamente. Fue un poco agotador,
es como subir a mi clase de escritura que también son cuatro pisos, se entra
asfixiado, agitado y muy cansado. Al entrar al bar se ve algo loco, muchos
colores y demasiadas cosas fuera de lo común y un espacio genial. Utilizan
objetos reciclados para crear cosas curiosas, televisores malos y antiguos utilizados como mesas. Hay pinturas de Marilyn Monroe y Chaplin,
algunos dominós, atrapa sueños y lámparas de nocheros pegadas al techo, también
ponen maniquís pegados de la pared, hay demasiados cuadros, hamacas, colchones
y sillas de diferentes tamaños y colores.
Nos sentamos en unas sillas muy cómodas y relajantes ideales
para hacer pereza. El mesero nos saludó y
nos llevó la carta. Al igual que el bar la carta era loca, enredada,
algunas partes al revés y unos nombres de bebidas muy poco comunes como
“Hemorragia Cerebral” que fue el que yo pedí, tiene Vodka, Whisky y en el fondo
un licor dulce y espeso, era algo gracioso que los licores no se juntaran y
eran por capas. Lo primero que me dijo el mesero fue que no lo revolviera porque el sabor seria horrible. Le hice caso y tomaba por partes, aun así ese
trago me supo horrendo, demasiado fuerte, pero con un olor muy agradable. Mi
novia simplemente se tomó un capuchino.


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