viernes, 10 de mayo de 2013

Mi Luna Llena

-Los declaro marido y mujer, puede besar a la novia- dijo el padre.
Al salir de la iglesia todo parecía una escena de película con palabras de felicitación, sonrisas y arroz en el aire. Sofía y yo por fin estábamos felizmente casados, nos montamos a nuestro coche blanco y partimos rumbo a nuestro banquete. Allí nos esperaban los invitados, familiares, vecinos y amigos. Entramos y nos recibieron con un gran aplauso y muchos regalos.

Al día siguiente a las 6:00 am estábamos en la sala de espera del aeropuerto Olaya Herrera en Medellín Esperando el vuelo 037 rumbo a nuestra luna de miel en San Andrés. Sofía estaba muy trasnochada y prácticamente dormida en aquella silla dura e incómoda del aeropuerto.

-Los pasajeros del vuelo 037 favor abordar el avión rumbo a San Andrés, sonó fuertemente en los parlantes de la sala de espera.
-Amor despierta, ¡nos va a dejar el vuelo!
-¿Ya llegamos? ¿Nos metemos ya al mar?
Le sonreí, me burlé de ella y la cargué hasta el avión, realmente estaba muy agotada.
Durmió durante todo el vuelo y se bajó del avión pensando solamente en meterse al mar, una idea que no me agradaba mucho, porque le tengo pavor a la marea.

Cogimos un taxi rumbo al hotel, llegamos y entramos a nuestra habitación que ya tenía todo pago. Podíamos utilizar el jacuzzi, la piscina, el turco y el sauna, pero mi amada esposa insistía con ir a la playa. Decidí complacerla, igual estábamos de luna de miel y quería hacerla feliz por el resto de mi vida.

Eran alrededor de las 4:00 pm y la playa estaba un poco vacía. Se veían algunos vendedores, pero muy pocos turistas. Nos sentamos en la orilla a ver el atardecer y escribimos nuestros nombres junto con la fecha que más nos importaba "13-08-2010" el día en que nos conocimos. Estábamos tomando un poco de champaña y sentados hablando de nuestros planes para el futuro, cuando nacieran nuestros hijos, el nuevo apartamento y nuestra vida de casados.

Mientras nos acurrucábamos y nos mirábamos fijamente, se nos acercó alguien diciendo:
-Buenas noches ¿cómo se encuentran? Queremos informarles que esta noche no pueden ingresar a la playa porque la marea está demasiado alta.
Eran dos policías que de una manera u otra frustraron el deseo de mi amada esposa de meterse al mar en la noche de nuestra luna de miel. No era su culpa, era por nuestro bien. En realidad tomé la noticia de buena manera, yo no quería meterme al mar con esas olas que odio y menos de noche.

Nos fuimos para la habitación del hotel, pero todo se tornó totalmente inusual. Estaba seria, angustiada y muy indiferente. Traté de animarla y alegrarla pero no lo logré, después de un instante de silencio, me sonrió y me dijo:
-¿Amor y qué tal si solamente entramos cinco minuticos y nada más?
Lo pensé demasiado, en realidad lo dudé, pero terminé convencido con tal de tener una buena luna de miel y hacer feliz a mi Sofía
- "Está bien, pero solo cinco minuticos y nada más" le dije.

Salimos de la habitación y nos fuimos por el lado de atrás del hotel, no veía nadie alrededor, ni un alma. Corrimos y corrimos, parecíamos en una historia de fantasía. Estábamos infringiendo la ley, era algo gracioso, tenía una sensación  de satisfacción y adrenalina a la vez.

Nos metimos al agua rápidamente, parecíamos los guardianes de la bahía. El agua estaba literalmente fuerte, cada ola prácticamente nos tumbaba, solo fui capaz de meterme hasta la parte donde el agua me cubría el pecho. Tragué mucho líquido y Sofi quería continuar, me jalaba y entre tanto ajetreo recibí un par de rasguños, no quise ir más hacia el fondo, ya tenía un poco de temor porque después de cada ola me entraba espuma por la nariz y respiraba muy poco.

En un momento soltamos nuestras manos, sentí que se desprendió una parte de mi cuerpo, cada vez que intentaba mirar donde estaba, se me desaparecía. Cada ola era menos oxígeno en mis pulmones y más distancia entre mi esposa y yo. No lo logré, dejé ir  de mis manos a la mujer que amaba, me sentí un fracasado, lo único que pude hacer fue sentarme en la arena a llorar junto a la compañía de la luna llena. En mi mente solo retumbaba la imagen de mi esposa ahogándose en medio de la espuma de las olas.

Desperté al día siguiente pensando que todo era una horrible pesadilla, estiré mi brazo al lado derecho de la cama y noté que mi esposa no estaba, abrí completamente mis ojos y una luz radiante como la de un flash cegó mis ojos. Estaba en la orilla de la playa, mareado y repleto de arena por todo el cuerpo. Entonces ¿todo es real? El mar me arrebató a mi mujer de las manos, me pregunté.

Me quedé sentado en ese mismo lugar todo el día, recordando una y otra vez la imagen de mi mujer siendo absorbida por las olas y como se perdía en la poderosa marea. Solo miraba al cielo y tenía en la mente todos los recuerdos de nuestro noviazgo, nuestro matrimonio y aquella luna de miel que debió ser la peor que le pudiera pasar a una persona. Se escondió el sol y estuve solo en ese atardecer, una paradoja ya que un día antes estaba ahí mismo sentado junto a mi esposa, hablando y abrazándonos.
           
Ya se había oscurecido, me levanté y me dolía la cadera ya que me quedé sentado todo el día en la orilla del mar. Estaba quemado, despelucado, herido y muy deshidratado.

Entré al hotel, no saludé a nadie, no tenía control de mi cuerpo, estaba caminando inconscientemente. Mi mano presionó el botón del piso 8, me bajé del ascensor y entré a la habitación.

Cuando miré al balcón, ahí estaba Mi Luna hermosa, radiante y totalmente llena. Tenía la cara de mi Sofi, llamándome y diciendo que fuera hacia ella. No lo pensé dos veces y con lágrimas en mis ojos estiré mis brazos y continúe caminando. Nada me detuvo ni siquiera la pared del balcón, simplemente salté y mi Luna llena me llevó con ella por el resto de la eternidad.


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