Hoy 10 de
mayo de 2013 es el cumpleaños de mi hija Isabela, ya son tres años cumplidos de
aquel tan anhelado día donde finalizó la espera. Todo estaba preparado para el
nacimiento de mi descendiente, desde el nombre que le pondríamos hasta sus
diminutas mediecitas de color azul cielo, todos estábamos muy entusiasmados por
ver a la nueva integrante de la familia. Mi esposa ya había cumplido 37 semanas
de embarazo y nuestro médico nos informó qué hacer en el momento que tuviéramos
la intuición de que Isa ya nacería.
Sandra mi
esposa, me despertó a las 03:00 de la madrugada. En medio de gritos de dolor y
contracciones solamente me dijo “presiento que llegó la hora”. Me tranquilicé y
la ayudé a bajar hasta el carro, me tenía el brazo apretado realmente fuerte,
como muestra de eso quedé con una marca impresionante. Conduje durante 25
minutos hasta llegar al hospital Pablo Tobón Uribe en Medellín, debido a la hora no hubo problemas por el tráfico,
al llegar a urgencias nos atendieron inmediatamente
e ingresaron a las dos mujeres de mi vida a la sala de parto.
Tenía muchísima
impaciencia, debido a que no recibía noticias de parte del personal médico. No
fui capaz de quedarme quieto y salí a fumar un cigarrillo, ya eran las 04:10 de
la madrugada y me senté en la sala de espera, hasta que por fin salió una
enfermera. “Ya puede ingresar don Ramiro” fue lo único que pronunció y siguió su
camino para continuar cumpliendo con su turno de trabajo.
Ingresé a la
sala de parto, mi corazón se aceleró, casi me pongo a temblar, estaba a varios
pasos de ver a mi hija, de poder acariciarle su perfecto rostro y admirar su
diminuto cuerpecito. Me acerqué a mi esposa, la vi realmente agotada y sudando
debido a todo el esfuerzo que realizó, lo que me pareció raro fue que no tuviera
entre sus brazos a la bebé. Sandra tenía la cabeza agachada y la nariz muy
colorada. Me acerqué despacio y pude
notar que mi esposa estaba tendida en un llanto impresionante, se tapaba la
boca con un pañuelo y no tuvo palabras para hablarme, solamente tendió sus brazos
en mis hombros y me abrazó.
Una enfermera
estaba en la habitación, me dirigió hacia afuera y me informó todo lo que
sucedió. El parto trascurría con total normalidad y en ningún momento se pensaba
en la opción de la cesárea ni ninguna otra complicación. “Excepto qué al
momento de nacer, la niña no daba ninguna señal de vida y tras una pronta revisión
se llegó al diagnostico de que tiene muerte cerebral” fue lo último que
pronunció. En ese instante mi vida se derrumbó, quedé paralizado y sin una sola
palabra, dejé de escuchar y percibir todo lo que pasaba a mí alrededor,
escuchaba cada latido de mi corazón, me puse realmente pálido y sentí un vacío
enorme.
Me senté en
el suelo inmediatamente y la enfermera pidió ayuda debido a que me dio un bajón.
Fue solo tomar agua y ya estaba consiente de nuevo, pero no quería dirigirle la
palabra a nadie solamente quería ver a mi hija. Me dirigí hacia la sala de incubación
y antes de entrar respiré profundo, cerré mis ojos e hice una oración. Me indicaron
cuál era la incubadora donde estaba Isa, me acerqué lentamente y lo primero que
vi fue la etiqueta “Isabela Bernal Díaz 10/05/10”.
La miré y
estaba preciosa, un ser perfecto y delicado. Le resaltaba el conjunto azul
cielo que tenía puesto, sobre todo su gorrito, las medias y los guantes. Todo
se lo había obsequiado la abuela un mes antes. La detallé completamente, era
blanca igual a mí, recuerdo aquella naricita perfecta y carita pulida, se me
salieron las lagrimas de inmediato. En ese instante mientras la miraba me puse
a pensar en todos los momentos que había planeado antes junto a ella. La
primera vez que la cargaría, cuando diera sus primeros pacitos, el momento en
que empezara a pronunciar sus primeras palabras, cuando me dijera papá, aquel
día en que la llevaría a la escuela, le ayudaría con sus tareas, la llevaría a
comer helado, celebraría su cumpleaños junto a la familia, miles y miles de
momentos que jamás se harían realidad.
Con solo
verla ahí tendida tras ese vidrio, sin poder moverse, me destrozaba el alma. Me
sacaron de la sala debido a que estaba en shock y por consiguiente en riesgo de
sufrir algún ataque. El médico que me atendió fue el mismo que intervino a mi
mujer al dar a luz, entonces me explico todo lo que estaba sucediendo. Debido
al problema con el que nació Isa, tuvo que ser conectada a un respirador
artificial, no podía poner en funcionamiento ninguna de las partes de su cuerpo,
era algo incurable y por ley no se le podía desconectar de su respirador
artificial.
Algo que me
dejó realmente impactado e indignado, y solo le pregunté al doctor. ¿Por qué tiene
que permanecer conectada mi hija, a pesar de que sabemos que no va a salir de ese
estado? ¿Por qué debemos esperar años indescifrables hasta que ella muera por
una complicación? El médico solamente me respondió “Es algo que no decido yo”Así
transcurrió aquel día que se puede considerar el peor de mi vida.
Desde aquel momento hasta hoy han pasado 1.096 días en los que me ha tocado ver a mi hija postrada en una cama sin esperanzas de poder levantarse, 26.304 horas de incesante sufrimiento por saber que mi Isa está ahí inmóvil con su destino ya sentenciado.
Desde aquel momento hasta hoy han pasado 1.096 días en los que me ha tocado ver a mi hija postrada en una cama sin esperanzas de poder levantarse, 26.304 horas de incesante sufrimiento por saber que mi Isa está ahí inmóvil con su destino ya sentenciado.
Se supone que
hoy debería ser un día especial por el cumplimiento de sus tres añitos de vida.
Pero es algo lamentable que sean tres años sin poder ver que muestre algún signo
vital, lo más triste es saber que no puede tener una muerte digna debido a que
el Estado considera que desconectarla es un asesinato y por consiguiente un
delito que es penalizable.
Mi esposa Sandra Díaz y yo Ramiro Bernal, somos dos promotores de la aprobación de la eutanasia
en Colombia. Un método para que las personas además de nuestra hija, tengan una
muerte digna y sin ningún sufrimiento. Lideramos el movimiento en la ciudad de Medellín que se manifiesta
mediante redes sociales, marchas y protestas pacíficas en pro de este
procedimiento, nos hemos expandido hasta tener compañeros representantes en Bogotá, Barranquilla, Ibagué y Bucaramanga. Estamos en una lucha constante sin cesar a las actividades del grupo
social. Permanecemos a la espera de que se tome esta decisión que beneficiará y
dejará descansar a muchas familias como a sus seres queridos que se encuentran en
un constante sufrimiento.
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